Esta es la historia de unas aves que están siendo exterminadas por cuatro animales (término pellorativo referido a personas) que aún sabiendo del flagrante peligro de extinción de la especie, acuden a cazarlas y comerlas in situ a un islote al norte de Lanzarote, donde además hay que pedir permiso para fondear, esperando - esto es lo mejor de todo- NO SER VISTOS. No voy a tratar nisiquiera de entender lo que les pasa por la cabeza a estos mastuerzos que no contentos con saltarse la ley a la ligera, sintiéndose más chulos que un ocho, por comerse pájaros con sabor a pez a punto de extinguirse, además pretenden no ser vistos como quien lleva una capa de invisibilidad. En varias ocasiones se alerta a la guardia civil de que están allí, cantosamente (que me perdone la R.A.E. por inventarme estas palabras) haciendo el mal, en general. Porque extinguir una especie, es hacer el mal, con saña y premeditación, si imaginamos que no es presunto, sino acordado, coger el barco, fondear al lado...
Comentarios
Eso si, por lo de la fresa... donde esté la cereza...